Aparentemente nadie creía en el proyecto “Victoria” de Sebastian Schipper. Realizar una trama narrativa en una sola toma parecía un tanto increíble, sobre todo para reservar un lugar en los festivales de Sundance y Toronto. Sin embargo no solamente “Victoria” después de su presentación en la premier de Berlín, fue requerida por ambos festivales, sino también se posicionó como ganadora de premios internacionales y aclamada por el público en el 2015.

“Victoria” refleja en un contexto el momentum generacional de los veinte en esta década. Sebastian Schipper en su cuarto largometraje de su carrera como director, proyecta una juventud temeraria, eufórica y con ansia de libertad, la cual carece de pretensión ideológica pero está seducida hacia el lado criminal. Todo ello dentro de una serie de acontecimientos, (los cuales mantienen un suspenso inminente) mientras nos sumerge en un recorrido casi vivencial por ciertas regiones de Berlín. El logro más grande del director es mantener la sensación de coherencia y concentración en su elenco, orquestado sin ningún corte en una sola toma.

La historia abre con Victoria, una chica española, quien baila sola en un club nocturno subterráneo de un área de Berlín. En el primer intercambio de palabras que tiene con el barman del lugar se percibe su soledad y sus ganas de conectar con alguien. Son las 4 am y cuando Victoria sale del club se encuentra con un grupo de alemanes quienes la invitan a seguir celebrando con ellos. Extrañamente Victoria acepta y es ahí donde arranca el filme.

“Victoria” entre otros temas es una película sobre la toma de decisiones, sobre decidir. Nada en el filme podría continuar sin el permiso de la protagonista, o si ella no da el “sí” al siguiente paso. Pareciera la narrativa es cercana a la fluidez del razonamiento lógico o los principios de programación y el videogame; “Si” se hace esto, “entonces” sucede esto otro.

El razonamiento del espectador rehúye al peligro en cada una de las diferentes escenas, pues por ende sabe hay una acción predecible por suceder. Sin embargo eso es lo atractivo del filme. Como dice el director:

Siempre tengo la sensación de que el cine desea la perfección todo el tiempo, pero yo quiero ver el desastre desde cerca, y también creo eso es parte del cine. Además tengo la sensación de que el cine ha dejado de ser salvaje, y queremos vivir la idea del peligro.

Desde una perspectiva filosófica escoger o decidir define o evidencia a alguien, son sus decisiones las que van creando su forma, ya lo dice la extensa investigación sobre este tema de Sheena Iyengar, en “The Art of Choosing”, y en el caso de Victoria, cada decisión tomada está apoyada por la psicología del personaje. Una chica, con un pasado competitivo y deshumanizado, solo busca el aprecio, la incondicionalidad y un sentido de pertenencia.

Sin duda por su acercamiento a la esencia criminal, ritmo dinámico en la narrativa, así como su nacionalidad es inevitable pensar en “Lola corre lola” (1998) Dir. Tom Tykwer, la cual entre otras cualidades representa la generación de los 90’s, y mantiene la frescura de no haber roto la barrera del tiempo. Otra de sus semejanzas con “Victoria” es su beat electrónico (en el caso del filme que nos ocupa estupendamente a cargo de Nils Frahm), la vehemencia de sus personajes, la historia de amor y su innovadora estructura. En otro sentido y como impacto generacional también tiene vínculos referentes con “Sin Aliento” (1960) Dir. Jean-Luc Godard, sobre todo en la dulce atracción entre la inocencia y lo delictivo.

La jerarquía de elementos es puntual, se sabe la ciudad juega un papel significante en la historia y sin embargo no pretende ser ninguna propaganda o recorrido turístico como algunas otras películas; por ejemplo como ” Vicky Cristina Barcelona”, “Media Noche en Paris”, “To Rome with Love” de Woody Allen, etc., las cuales es evidente su objetivo y parece en algunos momentos la ciudad es la razón por la cual la historia se construye. En “Victoria”, el elemento de la ciudad se maneja muy sutil y son los diálogos en diferentes idiomas lo que también le va dando veracidad y credibilidad, además de la sensación de estar perdido, de ser vulnerable.

No son muchos los filmes hechos en una sola toma, la lista es de menos de 15 y entre ellos están la obra experimental y coreográfica de Mike Figgs “Timecode” (2000), la estilizada pero controlada “El Arca Rusa” (2002) Dir. Alexander Sokurov y a punto de estrenarse en el festival Fantasia el filme “King Dave” (2016) Dir. Daniel Grou. En el caso de “Victoria” el gran mérito se lo lleva el noruego DP Sturla Brandth Grøvlen, quien además de ser quien le propuso la idea al director de utilizar esta técnica, su contribución como fotógrafo logra la sensación de realismo, peligro y autenticidad en el filme.

Tal vez pueda percibirse al inicio del filme, la sensación de ausencia de trama o dirección, pero es en cuanto comienza la acción donde nada se detiene y hace al filme conseguir una experiencia como muy pocas. “Victoria” es un interesante ejercicio cinematografico que permite seguir explorando y rompiendo los limites del cine, ademas de representar el ímpetu de una generación.

Recomendación 8